Columna Publicada el 24 de Septiembre del 2012.

Columna de Alejandro Navas
Columna de Alejandro Navas

Por recomendaci贸n de la segunda c谩mara (Bundesrat), el Gobierno alem谩n ha encargado al Ministerio de Agricultura que prepare una ley para penalizar la sodom铆a con animales. Esta modalidad de zoofilia se juzga inaceptable por obligar al animal a una pr谩ctica sexual contraria a su naturaleza. 聽Al igual que en gran parte de Occidente, el bestialismo se consider贸 en Alemania durante siglos una pr谩ctica inmoral e ilegal. En el marco de la revoluci贸n sexual聽 de los a帽os sesenta, esa conducta se despenaliz贸 en 1969. La liberaci贸n de las costumbres, que parec铆a una conquista segura, debe ahora ceder ante el bienestar animal.

 

La protecci贸n de los animales tiene tradici贸n en Alemania. 鈥淓n el nuevo Reich no debe haber m谩s crueldad con los animales鈥. Estas palabras de Hitler introducen la pionera 鈥淟ey de protecci贸n de los animales鈥, de 24 de noviembre de 1933. Por vez primera en la historia de la humanidad, se reconoce a los animales como sujetos de derechos (la tradici贸n cl谩sica, cristiana e ilustrada, se hab铆a limitado a postular deberes del hombre para con los animales). El F眉hrer aplic贸 igual energ铆a en la protecci贸n de la naturaleza y de los animales como en la aniquilaci贸n de la humanidad no aria (los arios enfermos o incapaces tampoco merec铆an vivir: Hitler tambi茅n fue pionero en la pr谩ctica de la eutanasia masiva).

 

En continuidad con ese primer impulso, no sorprende que Alemania fuera una de las cunas del ecologismo y el primer pa铆s donde los verdes se organizaron como partido pol铆tico. Pero el movimiento de liberaci贸n animal se ha difundido entretanto por todo Occidente, y desde aqu铆 se intenta exportar al Tercer Mundo (con algunas dificultades, pues ya se sabe que el ecologismo acaba siendo al fin un lujo de pa铆ses ricos). Para este planteamiento, lo que define la dignidad de un ser es la capacidad de experimentar placer o dolor, que se traduce en el hecho de poseer intereses. Como resulta obvio, este rasgo es com煤n a hombres y animales. 鈥淯n inter茅s es un inter茅s, cualquiera que sea el ser al que pertenezca鈥, sostiene Peter Singer, tal vez el m谩s conocido defensor de la liberaci贸n animal. De modo l贸gico, afirma igualmente que un cerdo adulto es m谩s valioso que un beb茅 humano. Un anciano demenciado, incluso cualquier humano en estado de inconsciencia, no ser铆a propiamente persona.

 

Este enfoque se alinea con algunos sectores de movimientos contempor谩neos como el ecologismo, el pacifismo o el feminismo: comparten el ideal emancipador y se centran en un enemigo com煤n, el var贸n occidental moderno, que habr铆a oprimido durante siglos a la naturaleza y a la mujer (el ser m谩s valioso de la naturaleza).

 

Luchar contra arraigadas discriminaciones se alza como un ideal noble, y gracias a varios de esos activismos se ha avanzado considerablemente en el camino de la igualdad efectiva. Sin embargo, cuesta entender c贸mo esa reivindicaci贸n leg铆tima desemboca tantas veces en el odio incondicional al g茅nero humano. Esto se observa en versiones extremas del feminismo, que no se conforman con el simple logro de la igualdad para la mujer, sino que declaran la guerra a los varones. Parecen llevarnos hacia聽 un antihumanismo inquietante. Hace unos a帽os, un hospital espa帽ol, donde se practican numerosos abortos, deb铆a pintar la fachada. Convocada de urgencia, la direcci贸n decidi贸 retrasar ese trabajo, pues los pintores hab铆an descubierto un nido de vencejos en el alf茅izar de una de las ventanas y sus maniobras en la fachada podr铆an poner en peligro a las cr铆as de vencejo. Quienes eliminan sin reparos fetos humanos se movilizan para salvar de la muerte a unas cr铆as de p谩jaro. El paralelismo con Hitler resulta tan inevitable como desazonador: una extremada y admirable sensibilidad para el bienestar animal se da la mano con el absoluto desprecio por la vida de los seres humanos m谩s d茅biles e indefensos.

Por gonzalofr