A continuaci贸n presentamos la primera columna de Gonzalo Rojas escrita a partir de su exposici贸n en el seminario La Pobreza de la Violencia, realizado el 21 de agosto en el memorial de Jaime Guzm谩n.

Un auto acribillado y tres barristas muertos. Una m谩s de las acciones de violencia que tienen lugar en nuestra sociedad. 鈥淒e d贸nde ha salido todo este horror? 驴En qu茅 momento se meti贸 en el coraz贸n humano toda esta maldad?鈥 Es lo que se preguntan cientos de miles de chilenos.

Esta es la cadena de la violencia: yo tengo autonom铆a plena; si algo no me parece bien, estoy siempre en lo correcto y tengo derecho a que me den la soluci贸n; la culpa de mis problemas la tienen otros; pero ellos no me har谩n caso alguno respecto de lo que necesito; por lo tanto, s贸lo me cabe agredirlos para encontrar respuesta a mis demandas.

Se construye una posici贸n de superioridad y desde ah铆 se pretende rendir al enemigo. No interesan ni se aceptan razones. Jorge Millas lo explicaba en su notable La Violencia y sus M谩scaras: 鈥淓l verdadero problema surge cuando la inteligencia misma, y en t茅rminos m谩s generales, la espiritualidad del hombre 鈥搈edio despierta, medio embotada鈥 fortalece (a la violencia) con sus recursos y encubre su fea apariencia con modos intelectuales, espirituales, de justificaci贸n y disimulo鈥.

La v铆ctima es simplemente la encarnaci贸n del mal y hay que extirparlo. La represi贸n 鈥揹etenci贸n, interrogatorios, juicio, condena鈥 es tambi茅n parte del ritual, porque engendra otras semillas de violentistas, ya que 茅stos son superiores a la sociedad que les aplica la represi贸n y, por lo tanto, no se atemorizan con ella.

Pero no se piense que la v铆ctima directa es s贸lo el efectivamente mutilado o asesinado. Esa mirada reductora olvidar铆a que toda una sociedad queda paralogizada cuando teme al sufrimiento causado por la violencia. Y el violento conoce bien esa debilidad humana. Al fin de cuentas, no es un robot, tiene conciencia, delibera. Cuando decide aplicar la violencia, selectiva o generalizada, es que lo ha pensado muy a fondo. No es un exabrupto.

La estrategia del minimalismo violentista apunta justamente a que no se le d茅 mayor importancia a cada uno de sus actos. Que importen poco, que digan mucho. Pero, considerados en su esencia, ninguno de esos actos es peque帽o. Todos llevan por fuera y por dentro la etiqueta del mal, por varias razones.

Por una parte, porque a veces agreden a personas objetivamente importantes, a las que buscan privar de sus leg铆timas dignidades. Por otra, porque estimulan la perpetraci贸n de acciones similares, generando una reacci贸n en cadena. En tercer lugar, porque consiguen publicidad, en un mundo donde la normalidad es despreciada. Como cuarta raz贸n, porque animan a sumarse a cuanto individuo disfuncional est茅 disponible; despu茅s, porque confunden a los tribunales de Justicia y, finalmente, porque corren el l铆mite de lo aceptable: un bombazo es rareza, cinco son habitualidad, cincuenta se presentan como expresi贸n popular.

Pero el m谩s grave de todos sus objetivos es otro: simplemente asustar, amedrentar, aterrorizar. Cada acto de violencia tiene un sentido mediador, sacramental.

Quienes la promueven descubren que la fascinaci贸n de sus seguidores ya no es la misma que ten铆an en el d铆a primero; comprueban el cansancio y la frustraci贸n. Comienzan entonces a hablar de desgaste. Lo que les interesa no es cortar con la violencia que ellos mismos han generado, sino simplemente darle una pausa para reconducirla por otra v铆a. Porque la palabra 鈥渄esgaste鈥, no es realmente el reconocimiento de los amargos frutos de la violencia, ni mucho menos una toma de conciencia del deterioro humano que produce en quienes la practican. Desgaste significa sencillamente pausa, giro y a comenzar por otro lado.

驴Qu茅 explica esta tendencia criminal? No es la locura. Que nunca m谩s se diga que el violentista est谩 loco, porque eso lo har铆a moral y jur铆dicamente irresponsable. Es el odio lo que fundamenta la violencia.

De todo esto y mucho m谩s, hablaremos esta tarde de jueves 21 de agosto en el Memorial de Jaime Guzm谩n, a las 19. Bienvenidos

Por gonzalofr